lunes 4 de enero de 2010

Year's Best Wishes


Matti and John are living their greatest moments in their lives. Their romance has blossomed in more ways than one. Matti and John have a lot of work and responsibilities. Still, they take time to be with each other. John loves Matti a lot. He is very passionate about her and even though he respects her a lot, he has developed a unique passion for her. Matti is a very romantic girl; quite intense and passionate too. Matti's love for John has increased with time. She is confident and believes right now, that John is the love of her life. She knows that he needs his space and his life and mind is kinda complicated, so she has decided to be patient and love him as he came, not wanting to change one atom of his personality. He knows that he can count on her. Always.

Christmas is just around the corner and they plan to celebrate it with their respective families. Both of them respect tradition, respect life and love their respective families. Yet, as a couple, they will spend a couple of days together to exchange Christmas gifts and wish to each other the very best life can offer. They wish everybody a Merry Christmas and a Happy 2010. They also wish health, love and blessings to each other, so Matti and John can continue their relationship at full strength in 2010.

domingo 3 de enero de 2010

Carmilla


“Carmilla”, la novela breve del autor irlandés Joseph Sheridan Le Fanu (1814-1873) fue escrita en 1872 y forma parte de la colección de relatos In a Glass Darkly. Fue gran influencia para Drácula, la conocida novela de Bram Stoker. Trata sobre una vampira que recibe alojo en un castillo en Estiria, Austria, y seduce a Laura, la hija del dueño de la casa. Esta influyente novela fue precursora de la novela vampírica y estableció muchos de los parámetros que hoy se consideran canónicos sobre la figura tradicional del vampiro, asi como de la femme fatale. Asimismo, ha sido inspiración para numerosos filmes, novelas, cuentos, tirillas y animes.

Carmilla es una mujer sin edad, sin pasado definido, que evoca una gran fascinación en las mujeres jóvenes que llegan a conocerla. Es una mujer esbelta, de largos cabellos y ojos negros, muy hermosa y lánguida. La seducción de Carmilla radica en que se comporta como una mujer perdidamente enamorada de su amiga Laura. La mira con devoción, le dice palabras de amor, se sonroja y le da besos. Lentamente logra acaparar todos los sentidos de Laura, quien si bien al principio resiste, eventualmente se deja llevar. Laura corresponde a la seducción con fascinación, sobre todo ante su corporalidad; esto se ve, por ejemplo, cuando habla sobre su cabello y su reacción a ellos (“A menudo sumergía mi mano entre sus cabellos y reía tontamente ante lo insólito de su peso.[…] Me gustaba retorcerlos, entrelazarlos, jugar con ellos.”).

Aún cuando aniquilan a la vampira, Laura, que ya ha sido poseída por ella, conserva algo de Carmilla dentro de sí; no puede escapar de ella. La imagen de Carmilla que Laura encuentra, subsiguientemente, una y otra vez en el espejo tanto como en los ecos de pasos en el pasillo, recuerda “Lo siniestro”, de Freud:
“Nos hallamos así, ante todo, con el tema del “doble” o del “otro yo”, […] uno participa en lo que el otro sabe, piensa y experimenta; con la identificación de una persona con otra, de suerte que pierde el dominio sobre su propio yo y coloca el yo ajeno en lugar del propio, o sea: desdoblamiento del yo, partición del yo, sustitución del yo; finalmente con el constante retorno de lo semejante, con la repetición de los mismos rasgos faciales, caracteres, destinos, actos criminales, aun de los mismos nombres en varias generaciones sucesivas.”

Carmilla invade sus víctimas y es invadida, a su vez, por ellas. Una vez las posee, inundándolas de su propia melancolía, las transforma en seres como ella. Aquí lo siniestro toma forma en la familiaridad del aspecto de Carmilla, que da una idea completamente distinta de su esencia; la impresión, que proyecta, de ser una dama delicada e inofensiva, “de buena familia” cuando en realidad no es siquiera humana, o mortal. La fatalidad de este personaje radica en su total capacidad para camuflajearse en su entorno y parecer inofensiva, atrayendo a la misma vez con una intensa necesidad del otro, que lo lleva, invariablemente, a la muerte, y a ella, a la soledad eterna.

lunes 2 de noviembre de 2009

DREAM


El “coco” que conserva mucha gente por su ídolo de juventud, en mi caso sería con Bryan Adams. Me gusta cómo canta, sí, pero a mí sus canciones me llaman, me gritan, me evocan lugares, gente, dicen volúmenes de mí, de cómo era. Es como ver un álbum, pero no de fotos. Me dice que me conoce más que muchos. Sus canciones soñaron conmigo. Me disparaban hacia un futuro fantástico, donde se combinaban el amor y el romance y las olas de olas de posibilidades, como solamente se combinan cuando una tiene catorce años y la imaginación de una nena de diez. Eso es Bryan Adams para mí.

Como mi amor por este hombre no acaba, aún lo busco en la red regularmente. Hace un par de meses vi un video viejo suyo que nunca había visto, aunque había escuchado la canción; se llama “Do I Have to Say the Words?”. La letra habla de alguien que le dice a la persona amada que ha llegado ese momento decisivo de revelar lo que se siente, porque de no hacerlo, el mundo como se conoce hasta el momento se podría desintegrar en el próximo segundo.

El video, como sucede a veces, no tiene nada que ver con la letra. Es un conjunto de imágenes oníricas en tonos sepia, mucho más interesante que la misma canción. Es una historia pictórica narrada a través de los ojos de alguien que parece estar en el umbral del sueño y la vigilia. Bryan Adams aborda un taxi en Estambul, y ve pasar por la ventanilla una mujer a quien parece reconocer. Es aquí donde se adormece, y comienza a imaginar que posee un curioso artefacto, a través del cual puede ver imágenes. El artefacto tiene la forma de una ventanilla y del espejo retrovisor de un automóvil, y por él puede contemplar (un poco fisgonear también) a la mujer. Ella no parece verlo (o vernos) pero siente que hay alguien del otro lado. El espejo retrovisor, por definición, nos hace ver lo que está hacia atrás, y en la breve historia, el aparato retrovisor/ventanilla sirve para enseñarnos un lugar ideal, remoto y hermoso, que tiene mucho que ver con el pasado, sin llegar a serlo. Es fascinante una escena donde la mujer escribe DREAM en la ventanilla, y de esta manera se llega a comunicar con él, transmitiéndole una idea, o tal vez una exhortación. Pienso este video como una reflexión visual sobre el pasado y las imágenes; el acto de mirar hacia adelante, hacia atrás, mirar concretamente, con ojos de lente, la imagen de un espejo, mientras sueña. Una cámara/ventana humana.

viernes 9 de octubre de 2009

Fem fetal


Una de las niñas de Lewis Carroll, ese ferviente admirador de las ninfetas.

Hace poco, en la clase sobre la femme fatale, nos hallábamos discutiendo a Lolita, de Vladimir Nabokov. Ya se habían discutido varios temas. La perversidad de Humbert Humbert. Los silencios de éste al hablar sobre su madre y sobre Charlotte, la madre de Lolita. La narrativa como evento construido a base de silencios. La narrativa como no confiable. Lolita silenciada por el discurso totalitario de Humbert. Lolita como Estados Unidos frente al extranjero. Por último, el profesor quiso indagar sobre la posibilidad de Lolita como femme fatale.

Nos planteó que se podría ver a Lolita como una niña preadolescente que pudiera estar jugando con el potencial de su propia sexualidad. Eso sería lo que la haria tan peligrosa a los ojos de cierto lector adulto.

Pero Lolita se halla silenciada. Lolita está siendo construida. ¿Cómo escapar de la mirada de Humbert? En el velo de la narración hay rasgaduras. A través de ellas podemos ver a Lolita llorando todas las noches, sonriéndole a Humbert a la vez que lo acusa de haber tomado su inocencia. No lo digo yo, lo dice el mismo narrador. Que Lolita no escape, para mí, no es evidencia suficiente de que haya deseado permanecer al lado del ninfófilo. ¿A donde iría? Es huérfana, no tiene a nadie que se haga cargo de ella. El la viola todas las noches, (según él mismo dice) pero por lo menos la mantiene, se encarga de ella.

Ahí comienza mi disyuntiva. No la pienso sólo como victima, no me malinterpreten. Pero creo que si hubiera seducción por su parte, por lo menos en una ambiguedad más intensa, no tendría ninguna reserva considerando a Lolita una seductora. Si algo es constante a lo largo de la historia, es su frigidez, no obstante. ¿Dónde está el goce? Qué controla esta femme fatale? A él. Su frialdad es lo que hace que Humbert se encandile al grado de que al final, aún mayor de edad, la considere su gran amor. Ella se cansa de él. Lo deja. ¿Pero es que alguna vez estuvo interesada?

¿Se la podría pensar como un canvas? ¿Dónde empieza la Lolita de carne y hueso y dónde termina la ninfeta?

jueves 1 de octubre de 2009

Octubre


Tengo dos hojas de yagrumo.
Una en cada mano.
La derecha es intensamente verde;
la izquierda está carcomida y reseca
pero cuando las agito
ambas hacen el mismo ruido
que hacen las nubes
al desmoronarse sobre los techos.

miércoles 16 de septiembre de 2009

Sobre la femme fatale


La figura de la femme fatale surge en el siglo 19, con el movimiento artístico romántico, que daba énfasis a las emociones por encima de la razón y el pensamiento empírico. Esta figura va evolucionando, más adelante, en la era victoriana, como una necesidad de representación frente a un nuevo tipo de mujer, que no seguía necesariamente el modelo de domesticidad que se exigía, por las circunstancias sociales y económicas del momento (habían, por ejemplo, más mujeres estudiando y trabajando, comenzaba a surgir el activismo por el sufragio femenino). Esta figura se puede apreciar en la literatura, donde John Keats renueva las antiguas leyendas que narraban encuentros entre hadas y caballeros, y J. S. Le Fanu se encargaba de regalarnos a Carmilla. Esta figura también se ve en la pintura prerrafaelista, donde se rescatan ciertas figuras bíblicas (Salomé, Lilith, Dalila) que serían antítesis de otras figuras que tradicionalmente representan los máximos valores cristianos, como la maternidad, el matrimonio y la fidelidad (María, Sara, Isabel).

Se podría decir que la femme fatale representa lo intrínsecamente femenino (según Luce Irigaray), en tanto es ausencia, lo que “no es” masculino, racional, material, y no sigue los parámetros de lo que la sociedad espera sea un sujeto racional femenino. Es un estado de fuga constante, en la medida en que es ambigua, perversa, fluida; no encaja fácilmente en ninguna categoría. La femme fatale no ama, en el sentido romántico tradicional del concepto; no piensa en el bien común, no es maternal, no es espiritual. Tiende a ser engañosa, individualista, materialista, instintiva, sensorial. El sujeto que se cruce en su camino se arriesgará a perder la razón o la vida.

Esta misteriosa figura tiene como modelo original, asimismo, a las antiguas diosas paganas que representaban la fertilidad, la guerra y la muerte, como Ishtar, Coatlicue y Astarté. Estas diosas, relegadas con el advenimiento del cristianismo, unían, de un modo interesante, conceptos que podríamos pensar contradictorios, como la fertilidad y la guerra. Sin embargo, estos dos conceptos eran esenciales para la existencia de las comunidades antiguas, donde la vida y la muerte formaban dos mitades de un todo. No es extraño, entonces, pensar en una figura femenina como origen de vida (ya que es portadora de la matriz) y principio de muerte (siempre, al nacer se comienza a morir). La femme fatale tiende a ser, asimismo, una categoría donde se reúnen diversos tipos de figuras literarias femeninas que tienen muy de cerca, si no en su interioridad, a la muerte, como la muñeca, la vampiresa, el hada, la hechicera, la ninfeta (nymphet). Sin embargo, no es tanto “mujer”, como una representación muy específica de “lo femenino” sobre el canvas que provee un cuerpo.

sábado 12 de septiembre de 2009

Apego

En la década de los cincuenta, en uno de los experimentos más famosos del controversial psicólogo Harry Harlow, se trató de explorar la naturaleza del apego. Al nacer, retiró cierto número de monos del contacto con sus madres y colocado en jaulas. Se le colocaron dos cilindros construidos a base de rejillas de metal. Uno de estos cilindros, A, tenía una botella de leche sobresaliendo de su pecho enrejado, mientras que el otro, B, carecía de botella, pero estaba cubierto de suave felpa. Ambos tenían rostros inertes que guardaban relación, lejanamente, con un mono. Llamó la atención de los científicos el hecho de que, si bien los monos se alimentaban del aparato A, apenas terminaban, corrían a acurrucarse contra la suave felpa del aparato B. Desarrollaron tal apego al aparato de felpa, que si lo retiraban de la jaula los animales comenzaban a gritar y a ponerse inquietos.

Más adelante, reflexionando sobre las conclusiones de su experimento, Harlow trazó el inevitable salto del primate al ser humano, concluyendo que el afecto en la crianza es más importante en el desarrollo del niño, que el cuidado frío e impersonal. Esto, si bien podría llegar a parecer obvio en pleno siglo 21, en los cincuenta fue fuente de intenso debate. Estaban los grupos, bastante populares, que argumentaban que el niño no debía recibir demasiados mimos, que no había que prestarle demasiada atención, que no había que cargarlo demasiado, ya que esto provocaba que creciera insolente, "malcriado". Estaban los otros grupos, a los que no se les hacía demasiado caso, que argumentaban lo contrario. Este experimento significó un punto a favor del grupo menos predilecto y el comienzo de una revisión de los métodos de crianza que estaban de moda en el momento.

Vuelvo a la muñeca de la entrada anterior; la verdad, he estado un poco obsesionada con ella por estos días. Me es difícil imaginar un hombre adulto llegando a su casa ("¡Mi amor, lleguééé!"), entablando un monólogo con su novia, colocándola en distintas posiciones para que lo acompañe a cocinar, a cenar, a ver televisión acurrucados. Luego ponerle un lindo conjunto y llevársela a la cama. Pero pudiera ser mas afortunado no imaginar algunas cosas. Desde otro ángulo, mejor que se compren sus muñecas, antes de que traten de fabricarlas a base de seres de carne y hueso...

Para una historia inspirada por estas muñecas, vea el filme Lars and the Real Girl.
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